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Entender el esquema de la comunicación permite analizar con precisión cómo circula la información en la vida cotidiana, la escuela y el trabajo. Al respecto, hay un conjunto de elementos que interactúan para que ocurra con éxito la comunicación, los cuales comprenden desde quién emite la información hasta quién la recibe, pasando por el mensaje, el código, el canal y el contexto.
La Real Academia Española indica que la comunicación es la transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor.
En este sentido, conocer sus elementos es crucial para comprender el esquema de la comunicación:
En el esquema de la comunicación con todos sus elementos, el emisor es quien produce el mensaje con una intención comunicativa concreta, tales como informar, persuadir, entretener o pedir algo.
En el aula, el emisor puede ser la maestra que explica un tema, el alumno que expone o, incluso, una autoridad educativa que emite un comunicado.
Para que su intervención sea eficaz, conviene planear ¿qué sabe el grupo?, ¿qué vocabulario domina?, y, ¿qué ejemplos se conectan con su contexto?
Una práctica útil es anticipar malentendidos y definir el objetivo en una sola frase: “al finalizar, podrán distinguir idea principal y datos de apoyo”. También es clave modular la voz, cuidar el lenguaje corporal y ajustar el tiempo para mantener la atención.
>> Lee sobre: ¿Para qué sirve la comunicación?
El receptor es clave en el esquema de la comunicación, puesto que se trata de quien recibe, interpreta y evalúa el mensaje según sus conocimientos previos, intereses y expectativas.
De tal forma, en educación, el receptor no es pasivo, sino que, pregunta, retroalimenta y negocia significados, lo que puede modificar el curso de la interacción.
Por ejemplo, si en secundaria surgen dudas sobre un texto, la docente reencuadra el objetivo y ofrece un ejemplo local, tal como, por ejemplo, un anuncio de transporte para activar conocimientos del grupo.
Diseñar preguntas guía como qué evidencia sostiene esta afirmación, transforma al receptor en coautor del sentido y mejora la comprensión.
El mensaje es un elemento clave para comprender el esquema de la comunicación, puesto que, se trata del contenido que se transmite en una forma determinada, tal como texto, imagen, audio o combinación multimodal.
En tareas escolares, ayuda estructurarlo con una idea central, argumentos y un cierre claro. Plantillas útiles como propósito, audiencia, 3 ideas clave, datos o ejemplos y llamada a la acción. Asimismo, un mensaje pertinente reduce ambigüedad cuando el tiempo de atención es limitado, tal como, por ejemplo, clases en línea con conexión inestable.
En el esquema de la comunicación, el código consiste en el sistema de signos compartido por el emisor y receptor, tales como español, matemático, visual, pictogramas y emojis. Sin un código común, la comunicación se degrada.
Por ello, antes de una exposición, conviene acordar convenciones como abreviaturas, unidades de medida y colores en gráficos. Con público diverso, acompaña tecnicismos con definiciones breves o glosarios y usa ejemplos locales para anclar el código al contexto sociocultural del grupo.
Es el medio físico o digital por el que circula el mensaje con voz, pizarra, papel, radio escolar, correo, mensajería y plataforma educativa.
Así pues, elegir el canal reduce ruido y costos, de forma que, un aviso urgente se beneficia de mensajería instantánea. Un comunicado oficial quizá requiera correo y cartel impreso, mientras que, en aulas híbridas, duplica canales orales con escritos y confirma recepción con mensajes breves. Considera accesibilidad con tipografías legibles, contraste adecuado, subtítulos y versiones descargables.
En el esquema básico del proceso de la comunicación, el contexto es la situación que rodea al acto comunicativo, tal como lugar, momento, cultura, normas del centro y relación entre participantes.
De este modo, factores como lengua materna, diversidad cultural o acceso digital, modifican la interpretación, pudiendo observarse que, un mismo aviso sobre evaluación puede leerse con ansiedad o como oportunidad según el clima del grupo.
Mapear el contexto implica identificar barreras como ruido, distractores, sobrecarga informativa y apoyos, tales como tiempo, recursos y acuerdos de convivencia, para ajustar tono, vocabulario, ejemplos y duración.
En el esquema de la comunicación, es fundamental comprender las funciones del lenguaje, según Jakobson:
Orienta el lenguaje a la realidad o al tema del que se habla, priorizando datos, definiciones y relaciones causales.
En el aula, aparece en exposiciones, informes y explicaciones científicas, de manera que, para mejorarla, se tienen que evitar vaguedades, cita fuentes, usa conectores lógicos y apóyate en tablas o esquemas.
En este sentido, la fotosíntesis requiere luz y dióxido de carbono. Produce glucosa y oxígeno. Una rúbrica simple puede evaluar precisión, suficiencia de evidencia y claridad terminológica.
Se centra en el emisor y su actitud ante lo que dice emociones, opiniones y valoraciones. Es clave para construir clima socioemocional. “Me entusiasma su participación” y “Me preocupa la desinformación en redes”.
Bien usada, incrementa la cercanía sin perder rigor. Para no caer en subjetividad excesiva, separa hechos de opiniones y apóyate en evidencia cuando intentes persuadir.
Busca incidir en el receptor con órdenes, recomendaciones o preguntas orientadas a la acción, siendo preciso que revisen la rúbrica antes de entregar y, podrían organizarse en equipos de 4.
Es frecuente en instrucciones, normativas y campañas de salud. Para que funcione, usa verbos en infinitivo o imperativo, sé específico con tiempos y criterios, y verifica comprensión con una reformulación del grupo.
Esta es una función del lenguaje que es esencial para entender el esquema del acto de la comunicación, en vista de que se trata de verificar o mantener el contacto a través del canal, ¿me escuchan bien?, ¿aló? y, ¿quedó claro?
En reuniones virtuales, confirma audio y video, y alterna señales verbales y no verbales con emojis de plataforma y levantar la mano. Pactar palabras clave para retomar la atención ayuda a evitar interrupciones innecesarias.
Habla del propio código con definiciones, aclaraciones terminológicas, convenciones ortográficas.
Por ejemplo: Con argumento, nos referimos a la razón que sostiene una afirmación, no al resumen de una obra, mientras que, en lectura crítica, un glosario compartido ahorra tiempo y reduce confusiones.
Cuida la forma del mensaje, es decir, el ritmo, paralelismos, metáforas y rimas. Aporta memorabilidad a consignas, slogans y presentaciones.
En proyectos escolares, se puede convertir una idea compleja en un eslogan claro sin perder precisión, siendo aconsejable evitar adornos que opaquen el contenido. La forma debe servir al sentido.
Comprender el esquema acerca de la comunicación mejora la claridad, la comprensión lectora y la interacción en entornos híbridos.
Asimismo, es conveniente planificar mensajes para audiencias específicas, seleccionar códigos y evaluar canales según el propósito.
Por otro lado, se debe fortalecer la alfabetización mediática, procurando distinguir hechos de opiniones, identificar falacias, verificar fuentes y practicar convivencia digital responsable. En escuelas con diversidad lingüística, legitimar códigos y variantes de uso, mejora la inclusión y el aprendizaje colaborativo.
Dominar el esquema de la comunicación es una competencia transversal para estudiar, trabajar y convivir mejor.
Si te formas con intención, podrás diseñar mensajes claros, elegir el mejor canal y ajustar el código a cada audiencia, siendo preciso profundizar en estrategias de comunicación profesional, de manera que, el Curso de Comunicación Efectiva de Euroinnova, te permitirá estructurar mensajes, argumentar y presentar ideas en distintos contextos.
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