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¿Has escuchado hablar de los tres saberes? Saber, saber hacer y saber ser están estrechamente relacionados con el enfoque de competencias y con la formación profesional. Las competencias pueden entenderse como combinaciones de conocimientos, recursos y formas de acción que permiten comprender una situación, decidir cómo actuar y responder con criterio ante retos educativos, sociales o laborales.
Intervienen la complejidad de las situaciones, su comprensión, el diseño de la actuación, la planificación y el desarrollo. Cuando una persona afronta experiencias difíciles, aprende de lo vivido y mejora su desempeño. Por ello, este enfoque propone planificar la enseñanza a partir del desarrollo de competencias en el estudiante y de los perfiles profesionales, conectando lo aprendido con las tareas y decisiones que deberá asumir en la práctica.

Saber, saber hacer y saber ser competencias reúne las dimensiones de conocimientos, habilidades y actitudes que orientan el aprendizaje y el desempeño.
Los tres saberes de la educación son el saber, el saber hacer y el saber ser. También pueden explicarse como actitudes (saber ser), conocimientos (saber) y procedimientos (saber hacer), ya que cada dimensión aporta una parte distinta al aprendizaje.
Por eso, cuando se habla de los 3 saberes en el aprendizaje por competencias, se alude a una formación que no se limita a memorizar contenidos, sino que busca aplicarlos y actuar con criterio.
En algunos enfoques aparece también el saber conocer, una forma de referirse a la comprensión, la búsqueda de información y la construcción de conocimiento. Así, pueden encontrarse expresiones como saber conocer, saber hacer y saber ser, saber hacer, saber ser y saber conocer, o saber ser, saber hacer y saber conocer, todas ellas vinculadas a la integración entre conocimiento, práctica y actitud.
En el marco educativo español, hablar de saber, saber hacer y saber ser en la LOMLOE ayuda a relacionar estos conceptos con el currículo competencial. Los saberes básicos integran conocimientos, destrezas y actitudes necesarios para adquirir las competencias específicas; estas se conectan, a su vez, con los criterios de evaluación y se movilizan en situaciones de aprendizaje. Dicho de forma sencilla, ser, saber y hacer deben avanzar juntos para que la formación tenga utilidad real en la vida académica, social y profesional.
Saber, saber hacer y saber ser y sus competencias constituyen una propuesta para la formación del profesional actual. No representan todo el proceso educativo, sino que se enmarcan en el logro de un desempeño de sus funciones y aportan al progreso personal, social y económico.
Se busca conseguir una relación estrecha entre lo aprendido por el estudiante cuando cursa estudios de nivel superior y los desafíos a los que se enfrenta en el contexto social y laboral. En este sentido, las competencias de saber, saber hacer y saber ser permiten conectar los contenidos con las tareas reales que una persona debe resolver.
La clasificación de las competencias permite ordenar las capacidades según el ámbito en el que se aplican y el nivel de especialización que requieren.
Para comprender cuáles son los tipos de competencias, suele distinguirse entre competencias básicas, genéricas y específicas. No sustituyen al saber, al saber hacer y al saber ser, sino que muestran distintos contextos en los que esas tres dimensiones se combinan.
Las competencias básicas, conocidas también como competencias para la vida, ayudan a la persona a desenvolverse en un contexto social determinado. Entre ellas se encuentran la lectura, la escritura, los conocimientos elementales de matemáticas, la adaptación, el respeto y la tolerancia. Son aprendizajes fundamentales para participar de forma adecuada en la vida personal, educativa y social.
Al explicar qué son las competencias genéricas, se hace referencia a conocimientos, actitudes, valores y habilidades transversales que pueden aplicarse en diferentes profesiones y ámbitos de desempeño. Las competencias genéricas incluyen, por ejemplo, la creatividad, el trabajo en equipo, la inteligencia emocional, la comunicación, la iniciativa y la capacidad de adaptación.
Las competencias específicas son las que se requieren en un área concreta. Pueden ser laborales, docentes, comunicativas, técnicas o disciplinares, según las tareas que deba desempeñar la persona. En ellas se combinan conocimientos especializados, métodos de trabajo, destrezas y actitudes vinculadas a una profesión o función determinada.
Podríamos definir el saber como un conjunto de conocimientos, tanto teóricos como prácticos, que la persona va adquiriendo antes y durante el desarrollo de las actividades productivas que lleva a cabo. Estos conocimientos deben mejorar constantemente, porque el saber se nutre del desempeño de las competencias laborales y el avance tecnológico obliga a renovar lo aprendido.
En pocas palabras: nunca se deja de aprender. Por ello, estos tres saberes te acompañarán a lo largo de toda tu vida y forman parte de las capacidades del saber, es decir, de aquello que permite comprender, interpretar y tomar decisiones con fundamento.
Cuando se pregunta qué es el saber conocer, conviene entenderlo como la capacidad de aprender a aprender, organizar información y transformar la experiencia en conocimiento útil. Algunos ejemplos de saber conocer son investigar una fuente fiable, comparar datos antes de decidir o relacionar una teoría con un caso práctico.
También existen conocimientos previos que facilitan nuevos aprendizajes. En educación se habla de los ejemplos de presaberes, como las nociones básicas de lectura antes de redactar un texto, las operaciones matemáticas antes de resolver un problema o la experiencia cotidiana antes de estudiar un fenómeno. Estos presaberes fortalecen el saber conocer y ayudan a que el aprendizaje sea progresivo.
Este segundo saber es uno de los más sencillos de comprender dentro de lo que es saber, saber hacer y saber ser. El saber hacer constituye el perfeccionamiento de habilidades, destrezas y aptitudes profesionales sobre la base de las mejores prácticas y de métodos laborales que reflejan la calidad con la que actúa cada persona.
Al explicar qué es el saber hacer, hablamos de contar con conciencia real del desempeño de las funciones productivas. Hay una relación intrínseca entre el saber ser y saber hacer en el ámbito laboral, porque no basta con conocer una tarea: también hay que ejecutarla con responsabilidad, precisión y criterio.
El saber hacer no debe confundirse con el saber estar. En conjunto, expresiones como saber ser, saber hacer y saber estar, saber hacer, saber ser y saber estar, o saber ser, estar y hacer muestran que el desempeño profesional combina conocimientos, habilidades, conducta y adaptación al contexto.
Por ejemplo, una persona puede tener todos los conocimientos administrativos para ejercer la profesión —saber—, pero es en el puesto de trabajo donde demuestra que realmente domina la actividad y que cuenta con las competencias laborales necesarias para llevarla a cabo —saber hacer—.
Este es otro de los principios de profesionalización. Es un concepto extenso, pero puede explicarse a partir de las capacidades emocionales de la persona y de la forma en la que desempeña sus funciones, aspectos que también debe aprender durante su formación.
Al explicar qué es el saber ser, se hace referencia a la forma de actuar, convivir, comunicarse y tomar decisiones desde los valores personales y profesionales. Las competencias del ser incluyen la empatía, la responsabilidad, la ética, la escucha activa y la disposición para trabajar con otras personas.
Con el paso del tiempo, el sistema educativo ha ido cambiando, y la experiencia ha dado lugar a perspectivas de mejora. La educación por competencias constituye un enfoque integral que relaciona el aprendizaje con las capacidades necesarias para responder a las transformaciones sociales, educativas y profesionales.
La empatía es uno de los mejores ejemplos de saber ser. En el caso de un médico o una enfermera, se recurre a la empatía y a la sensibilidad humana para unir las teorías de su profesión con la práctica. Desde esta perspectiva, las competencias del ser humano permiten que el conocimiento técnico se aplique con responsabilidad social.
En cuanto a las competencias, se trata de las habilidades, capacidades y conocimientos que permiten a una persona cumplir eficazmente las tareas asignadas. Por ello, al hablar de saberes, las competencias funcionan como un marco amplio: saber, saber hacer y saber ser se integran en un desempeño competente y profesional.
Existen diferentes tipos de saberes, según el tema en el que se especialicen. A continuación, te presentamos algunos que te ayudarán a comprender mejor sus características y su relación con las competencias:
Ahora que ya conoces los tipos de saberes, puedes ser consciente de tus capacidades, y expresiones como saber, saber hacer y saber ser y sus competencias resultarán más fáciles de comprender.
Ahora queremos mostrarte algunos ejemplos que aclararán cualquier duda que todavía tengas sobre saber, saber hacer y saber ser y sus competencias.
Entre los ejemplos de competencias del saber ser se encuentran la apertura a nuevas experiencias, los valores éticos y morales, la capacidad de comunicación y la disposición para colaborar. Otros ejemplos útiles son la empatía, la paciencia, la honestidad y la responsabilidad ante las tareas asignadas.
Mencionemos ahora algunos ejemplos de competencias de saber hacer: nadar, dibujar, escalar una montaña, aplicar conocimientos de jardinería o resolver una tarea administrativa. Los ejemplos de competencias de saber, saber hacer y saber ser permiten ver cómo una persona combina lo que conoce, lo que ejecuta y la actitud con la que actúa.
También puede hablarse de ser, saber y saber hacer en educación cuando se analiza cómo el estudiante aprende conceptos, los aplica y desarrolla actitudes para convivir. En otros ámbitos formativos, como el ser, saber y saber hacer del catequista, esta relación se adapta a finalidades concretas de enseñanza, acompañamiento y comunicación.
Las competencias desarrolladas son habilidades y destrezas que se perfeccionan a lo largo del tiempo mediante la práctica, la formación y la experiencia. Un ejemplo de competencias desarrolladas aparece cuando una persona conoce las funciones básicas de un programa informático y, mediante cursos o aprendizaje autónomo, llega a dominarlo. El esfuerzo y la constancia hacen que se vuelva competente en su uso.
En el ámbito directivo, las competencias gerenciales combinan conocimientos, habilidades, destrezas, actitudes y comportamientos necesarios para dirigir un equipo, tomar decisiones y resolver problemas. Al analizar qué son las competencias gerenciales, se observa con claridad la integración de los tres saberes: el gerente necesita conocer los procesos, ejecutar tareas de planificación y negociación, y actuar con liderazgo, responsabilidad y criterio.
Cuando se buscan competencias de saber, saber hacer y saber ser, conviene revisar materiales académicos u oficiales que expliquen los conceptos sin perder el vínculo con la práctica. Tal y como se ha mencionado, es necesario seguir avanzando y actuar como exige el mundo actual; por este motivo, conocer este tipo de estrategias resulta útil tanto en la educación como en el ámbito profesional.
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