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El 12 de agosto Día Internacional de la Juventud, es la fecha que la Asamblea General de la ONU dedica a subrayar el papel decisivo de la juventud como agente de cambio. Así pues, esta es una celebración que recuerda que su energía, creatividad y espíritu cooperativo son claves para acelerar los Objetivos de Desarrollo Sostenible y visibilizar desafíos como el acceso a empleos dignos, la participación política y la educación digital.
Según el Informe Mundial de la Juventud 2023, las personas de 15 a 24 años representan el 16 % de la población y aportan más de 600 millones de horas de voluntariado al año.
De esta forma, la aceleración tecnológica ha reformulado la manera en que se informan y militan: la UIT estima que 2 de cada 3 jóvenes usan Internet a diario, abriendo oportunidades para la educación abierta y, a su vez, riesgos de desinformación.
Celebrar qué es el Día Internacional de la Juventud, implica escuchar esas voces y convertir sus prioridades en políticas concretas que fortalezcan la resiliencia social.
Así pues, el impulso que dio origen a la efeméride se remonta al Programa de Acción Mundial para los Jóvenes de 1995, que fijó prioridades en educación, salud y empleo.
3 años después, la Conferencia Mundial de Ministros Responsables de la Juventud, celebrada en Lisboa, recomendó establecer un día internacional.
Por tanto, el 17 de diciembre de 1999 la Asamblea General adoptó la resolución 54/120 y consagró como Día Internacional de la Juventud el 12 de agosto, con la primera conmemoración en 2000.
Desde entonces, cada edición adopta un tema que guía campañas en más de 150 países, pudiendo observarse que estos logros prueban que la efeméride es un laboratorio de soluciones replicables.
Con respecto a por qué se celebra el Día Internacional de la Juventud el 12 de agosto, esta fecha coincide con la clausura de la cumbre de ministros de Lisboa (8-12 de agosto de 1998), en la que se gestó la propuesta.
Además, ubicar la efeméride en agosto, que es un periodo vacacional en buena parte del hemisferio norte, facilita la participación estudiantil en foros y voluntariados.
Por otra parte, situar la fecha a mitad de año permite evaluar avances de programas juveniles y ajustar presupuestos antes del cierre fiscal, maximizando la visibilidad mediática y el acceso a fondos.
El objetivo central del Día Internacional de la Juventud es garantizar la participación plena de la juventud en la vida pública y visibilizar políticas que potencien su bienestar.
Eso implica abrir espacios de decisión, asegurar el acceso igualitario a oportunidades económicas y promover una educación que desarrolle competencias verdes y digitales.
Asimismo, la fecha del Día Internacional de la Juventud sirve de plataforma para revisar compromisos como la estrategia Youth 2030 y para amplificar las voces de colectivos subrepresentados, tales como los jóvenes migrantes o personas con discapacidad, entre otros.
Esta celebración se alinea con el principio de «no dejar a nadie atrás» de la Agenda 2030 y estimula la recopilación de datos que sustenten políticas públicas basadas en evidencia.
Además, anima a los Estados a elaborar presupuestos con etiqueta juvenil, siendo posible observar que naciones como Corea del Sur publican cada agosto un informe detallado sobre el impacto de sus políticas, práctica que se está convirtiendo en referente regional.
En las escuelas, hackatones y ferias de ciencia, canalizan la creatividad estudiantil hacia retos locales, tales como, por ejemplo, construir filtros de agua de bajo costo.
De igual forma, los gobiernos municipales organizan ferias de empleo y parlamentos juveniles que entrenan la ciudadanía activa, mientras que, las organizaciones comunitarias coordinan jornadas de limpieza, bancos de alimentos y alfabetización digital para adultos mayores, reforzando la solidaridad intergeneracional.
En la esfera digital, campañas como #YouthDayChallenge, invitan a publicar videos de un minuto sobre iniciativas locales, mientras que hay empresas que ofrecen becas y pasantías con gran impacto social.
A su vez, entre las actividades para el Día Internacional de la Juventud, las bibliotecas lanzan maratones de lectura de autores emergentes; las radios comunitarias dictan talleres de podcast y preservan la memoria oral rural, mientras que, los museos ceden sus salas a curadurías estudiantiles.
En lo que concierne a las plataformas de crowdfunding, estas registran picos de campañas educativas y verdes durante la semana del 12 de agosto y, en el caso de las universidades, estas instituciones celebran “ferias inversas” en las cuales las empresas compiten por financiar soluciones juveniles.
Para medir resultados, se sugieren indicadores como número de participantes, horas de voluntariado y proyectos incubados, datos que la plataforma Youth2030 Tracker consolida cada año.
Las redes sociales juegan un papel crucial con hashtags como #YouthLead, que lanzan retos de 24 horas que documentan acciones de impacto, los cuales comprenden desde crear un huerto urbano hasta donar sangre y organizaciones como Amnistía Internacional, que ofrecen módulos gratuitos de formación en derechos humanos durante esa semana.
Estos esfuerzos, mediante los cuales se pretende evidenciar la importancia del Día Internacional de la Juventud, crean un ecosistema temporal de oportunidades que puede mantenerse si las partes interesadas firman memorandos de entendimiento pos-evento.
El Día Internacional de la Juventud recuerda que apoyar los proyectos de estos seres humanos no es paternalismo, sino que constituye una inversión estratégica en un futuro sostenible.
De tal forma, convertir la efeméride en acciones permanentes exige presupuestos alineados y un diálogo intergeneracional auténtico, puesto que, cuando los jóvenes cuentan con formación, oportunidades y voz, transforman la indignación en innovación y la esperanza en resultados medibles.
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