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La electroterapia es un tratamiento fisioterapéutico que utiliza corrientes eléctricas con fines terapéuticos. Según el tipo de corriente y el objetivo clínico, puede emplearse para modular el dolor o favorecer la activación muscular. En estas técnicas, los electrodos actúan como interfaz entre el equipo y la piel, de modo que su colocación y los parámetros determinan la estimulación recibida.
Comprender para qué sirven los electrodos en fisioterapia exige diferenciar la electroestimulación de otros agentes físicos, como los ultrasonidos o las microondas. También conviene distinguir entre TENS y EMS, ya que persiguen objetivos diferentes. Estas diferencias permiten entender los tipos de electroterapia, los usos habituales de los electrodos y su relación con la electromedicina y la seguridad de los equipos sanitarios.
Tal y como indica su nombre, la electroterapia consiste en la aplicación controlada de corrientes eléctricas sobre determinadas zonas del cuerpo con un objetivo terapéutico. En fisioterapia puede utilizarse, según la técnica y la valoración profesional, para modular el dolor, estimular la musculatura o complementar un programa de rehabilitación.
Al aplicar la electroterapia en fisioterapia, la corriente se transmite habitualmente a través de electrodos colocados sobre la piel. Su uso puede formar parte del abordaje de distintos problemas musculoesqueléticos y neuromusculares. Las diversas especialidades de la fisioterapia pueden recurrir a este recurso cuando esté indicado, como parte de una intervención adaptada al paciente.
La fisioterapia ha incorporado con el tiempo distintos recursos tecnológicos. Entre los más conocidos se encuentran los TENS, dispositivos que aplican estimulación eléctrica transcutánea mediante electrodos situados sobre la piel.
¿Qué son los TENS? Son equipos de estimulación eléctrica transcutánea de los nervios que se emplean principalmente con fines analgésicos. No deben confundirse con otros agentes físicos utilizados en fisioterapia: los ultrasonidos emplean ondas acústicas y las microondas producen calentamiento mediante energía electromagnética, por lo que no actúan a través de electrodos cutáneos, como sí ocurre con TENS y EMS. Las corrientes galvánicas, en cambio, sí forman parte de las modalidades eléctricas y pueden utilizarse, entre otros fines, en iontoforesis. El conocimiento técnico de estos equipos también es relevante para los técnicos en fisioterapia y otros profesionales del ámbito sanitario.
En electroterapia se emplean distintas formas de corriente y diferentes parámetros de estimulación. La intensidad, la frecuencia, la duración del impulso y el tiempo de aplicación se ajustan en función del objetivo terapéutico y de la respuesta de la persona tratada.
Entre las modalidades más conocidas están los EMS y los TENS. Los EMS, o estimuladores eléctricos musculares, buscan provocar contracciones mediante estimulación neuromuscular y pueden utilizarse para apoyar la recuperación de la fuerza o de la capacidad contráctil. Por su parte, TENS son las siglas de Transcutaneous Electrical Nerve Stimulation y hacen referencia a la estimulación eléctrica transcutánea de los nervios, empleada sobre todo para modular determinadas formas de dolor.
Junto a estas modalidades eléctricas, en fisioterapia también se utilizan las microondas y los ultrasonidos, aunque no son formas de electroestimulación mediante electrodos. Las microondas se emplean para generar calentamiento en determinados tejidos, mientras que el ultrasonido terapéutico transmite energía mecánica a través de un cabezal y un medio de acoplamiento, normalmente gel. Su uso requiere valorar indicaciones, precauciones y contraindicaciones específicas.
Dentro de las técnicas que sí emplean corriente eléctrica, la iontoforesis utiliza corriente galvánica para favorecer el paso de sustancias ionizadas a través de la piel. Es una aplicación específica que exige seleccionar correctamente la sustancia, la polaridad y los parámetros del equipo, por lo que debe realizarse con criterio profesional.
Los electrodos en fisioterapia sirven para poner en contacto el equipo de electroterapia con la piel y conducir la corriente hacia la zona seleccionada. Su función concreta depende de la modalidad utilizada: se utilizan en técnicas orientadas a la modulación del dolor, en estimulación neuromuscular destinada a provocar contracciones o en aplicaciones con corriente galvánica. Por ello, no es correcto atribuirles un único efecto terapéutico; el resultado depende del tipo de corriente, los parámetros, la colocación de los electrodos y el objetivo clínico.
¿Qué beneficios puede aportar la electroterapia? Cuando está indicada y se integra en un plan de fisioterapia, puede perseguir distintos objetivos:
La electroterapia también se relaciona con la electromedicina clínica, ámbito técnico vinculado a la instalación, verificación, mantenimiento y seguridad de los equipos utilizados en centros sanitarios. Mientras los profesionales de fisioterapia determinan la aplicación terapéutica y ajustan los parámetros según cada caso, los servicios técnicos de electromedicina contribuyen a que los dispositivos funcionen correctamente y cumplan las condiciones de seguridad necesarias.
Esta relación resulta especialmente relevante porque los equipos de electroterapia forman parte de un entorno sanitario en el que deben controlarse el estado del dispositivo, los accesorios, las conexiones y el mantenimiento. Quien quiera profundizar en esa vertiente tecnológica puede plantearse dónde estudiar electromedicina para adquirir una formación orientada al montaje, mantenimiento, verificación y control de calidad de equipos e instalaciones electromédicas.
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