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Desde la Antigüedad, el ser humano ha buscado explicar el origen de las cosas combinando la especulación filosófica con los primeros intentos de experimentación. Aquella corriente de pensadores que prefirió observar y comprobar, en lugar de limitarse a especular, sentó las bases de la mayoría de las ciencias actuales y de un modo de razonar propio del conocimiento científico.
El pensamiento científico es precisamente ese modo de razonamiento, sustentado en el escepticismo, la observación y la experimentación para generar conocimiento fiable en cualquier campo de la actividad humana. A lo largo de este artículo se explica su origen, sus características, su relación con la lógica y la rigurosidad, y cómo permite predecir fenómenos y reconstruir el pasado.
Éste se fundamentó luego del Renacimiento al establecerse que la razón humana debe superar la fe, donde el pensamiento científico se ha impuesto al pensamiento mágico pero sin llegar a reemplazarlo de verdad o completamente, ya que, obviamente, a muchos individuos el pensamiento lógico no les ha logrado dar respuestas a todos sus miedos.
Fomentar el conocimiento científico y la investigación científica es una forma de construcción de la realidad que se formaliza a través de lo que se denomina "método científico".
El pensamiento científico no es más que una manera sistemática de producir conocimiento mediante la metodología científica, a saber: observar, formular proposiciones, someterlas a prueba y evaluar evidencias. Con este proceder de por medio, se lleva a saberes reproducibles y revisables. En este sentido, sus resultados, al ser fiables, se contraponen a las aseveraciones de distintos orígenes, como las tradiciones, la autoridad o la intuición, que al mismo tiempo pueden ser parte de falacias informales (véase la falacia ad verecundiam).
Entre sus funciones, no solo se encuentra la explicación de fenómenos, sino también predecirlos y controlarlos, sobre todo en campos en los que estos pueden afectar directamente la vida humana, como la biología. Se unen, por tanto, dos perspectivas: el pensamiento abstracto o teórico, y la aplicación práctica. Precisamente, este despliegue de conocimientos requiere técnicas, procedimientos, metodologías y estudios complementarios constantes para mejorar sus alcances.
Entender qué significa ser científico ayuda a completar el retrato del pensamiento científico como práctica real, más allá de la teoría. La ciencia la ejercen profesionales de campos muy diversos —medicina, psicología, matemáticas, física, química, geología o biología—, y sus colaboraciones interdisciplinares hacen que el trabajo científico sea integral.
Para ejercerla con solvencia se requieren, entre otras, curiosidad para estudiar hechos y fenómenos, capacidad de investigación, dominio de métodos analíticos y de verificación de resultados, y honestidad al comunicar los resultados obtenidos.
El surgimiento del pensamiento científico se remonta a los primeros intentos de los humanos por comprender fenómenos de manera sistemática. Este acercamiento, sobre todo, a la naturaleza, tuvo la intención de descubrir causas más allá de los mitos, narraciones extraordinarias sin base racional. Un caso ejemplar de esto es la Antigüedad clásica, principalmente en Grecia, donde personalidades como Aristóteles desarrollaron investigaciones sobre diferentes campos como la biología, la anatomía, entre otros.
Fueron ellos quienes sentaron las bases para el pensamiento científico que, siglos más tarde (alrededor del siglo XVI), adquiriría una metodología específica para la creación de conocimiento. Esto estuvo acompañado de la creación de instrumentos, el énfasis en la observación experimental, la cuantificación y las matemáticas avanzadas. Hoy, cuando hablamos de pensamiento científico, aludimos al conjunto de convenciones y metodologías para la investigación en diferentes áreas del conocimiento.
Al respecto, la mayoría de los textos que abordan el pensamiento científico, como tema de desarrollo, plantean que éste se vincula con la investigación científica y tiene unas características básicas. Éstas son:
Entre las características propias del pensamiento científico, además, destaca la generalización. Es decir, éste debe ser útil para explicar situaciones iguales o similares a través de la verificación o negación de principios o leyes.
Estas características se sostienen, en última instancia, sobre la rigurosidad científica: el tratamiento de la información, los datos o las técnicas empleadas para eliminar o reducir al mínimo cualquier sesgo, creencia u opinión que pueda condicionar los resultados. Se trata de un esfuerzo consciente de coherencia, alineado con el método científico, que garantiza hallazgos objetivos y replicables.
Sin esta objetividad científica, los datos carecen de fiabilidad y las conclusiones no pueden aprovecharse, lo que desperdicia recursos y compromete la ética del investigador. Entre los factores que suelen comprometerla destacan los sesgos cognitivos en la interpretación de los datos, las fuentes parciales o subjetivas, las creencias personales que orientan el enfoque de la investigación y una estructura de estudio que no sigue el método científico.
En realidad, el pensamiento científico se fundamenta en el método científico como soporte para la sistematización y comprobación del conocimiento. En este aspecto vale acotar que el método se opera a través de una serie de pasos, los cuales son:
Es por eso que, durante la evolución de la investigación científica, se han agregado matices a la forma o "método" por medio del cual se desarrolla el pensamiento científico, surgiendo diversas corrientes epistemológicas.
Una de las más recientes es la teoría del pensamiento crítico. Entre los representantes más connotados del pensamiento científico crítico contemporáneo destaca Carl Sagan, astrónomo, astrofísico y cosmólogo, considerado uno de los mayores divulgadores científicos de la historia. Junto a otras figuras como Albert Einstein o Marie Curie, su trayectoria ilustra cómo el pensamiento teórico y la comprobación rigurosa se combinan en la práctica científica real.
Este investigador convirtió la ciencia en parte de la cultura de masas, a través de la divulgación de su programa Cosmos.
Parte de esa sistematización depende de la lógica científica, entendida como el criterio que determina qué conocimientos son o no son precisos dentro de la investigación, a partir de evidencias y del método científico. Funciona como un filtro que identifica el conocimiento válido y excluye las afirmaciones no comprobadas o basadas solo en la experiencia sin control.
Dicho razonamiento científico se diferencia de la lógica natural o sentido común en varios aspectos: mientras la lógica natural se apoya en la experiencia y las creencias y actúa con rapidez en situaciones cotidianas, aquel exige hechos verificables y aborda problemas complejos mediante datos replicables. Además, rechaza los métodos puramente inductivos que no pueden replicarse en la práctica, admite que toda hipótesis puede quedar invalidada ante nueva información y emplea el contraste comparativo entre estudios para verificar su validez.
El análisis de lo planteado en este texto conlleva considerar que el pensamiento científico ha dado origen al nacimiento de las ciencias. Por tal motivo, todos los avances científicos que se han producido durante la evolución de la humanidad son el producto de la aplicación de los cinco pasos del método científico, antes mencionados.
Con respecto a este punto, se debe mencionar que existen diversos métodos científicos, los cuales están fundamentados en dos grandes corrientes de pensamiento: el positivismo y el interpretivismo fenomenológico.
Podemos distinguir dos tipos de finalidades relativas.
En el primer grupo estudiaremos cuatro finalidades: describir, explicar, predecir y controlar.
En el segundo grupo solamente destacaremos dos, dentro de la infinita multiplicidad de metas que podría haber: la satisfacción intelectual y la producción técnica de artefactos.
Además de estas metas, en el post explicaremos con cierta amplitud el tema de la verdad, que es la finalidad última de la ciencia, y que de alguna manera es interna a todas las demás.
La finalidad más elemental del pensamiento científico o conocimiento científico es la descripción de fenómenos. Esta descripción consiste en una explicitación de las características observables.
Un científico posee una especial capacidad para llamar la atención acerca de ciertos hechos y ciertas cualidades en esos hechos que habían permanecido en cierto modo ocultas a los ojos del hombre común y corriente.
Conectada con la finalidad anterior, encontramos esta meta de la ciencia: la explicación de la realidad. Explicar la realidad significa desentrañar su contenido, dar las causas por las cuales se realiza un fenómeno, explicitar lo que está implicado en un fenómeno, advertir las relaciones que de hecho guardan los sucesos y las cosas entre sí.
También se puede describir el acto de explicar como la operación mental por la cual un fenómeno singular queda captado dentro de un concepto universal. Así, por ejemplo, las mareas se explican cuando se captan como un elemento del concepto "atracción lunar".
Uno de los efectos más espectaculares que se han conseguido a través de la aplicación del pensamiento científico y el avance de la ciencia consiste en la predicción de fenómenos.
Dentro de la importancia del pensamiento científico, ha sido posible saber de antemano cuándo van a tener lugar los eclipses de Sol y de Luna, o cuándo vendrá la marea alta y la marea baja. Desde el punto de vista de la utilidad práctica en la vida corriente del hombre, tenemos aquí uno de los grandes valores y aplicaciones que la ciencia ha podido conseguir.
La prevención y la cura de enfermedades, la toma de decisiones en relación con fenómenos de la naturaleza (ciclones, mareas, temperatura) y la facilitación de algunas tareas (manejo de máquinas, aparatos, mecanismos corpóreos y aun psíquicos) son algunos ejemplos de esta cualidad del conocimiento.
Junto con describir, explicar y predecir, el pensamiento científico también permite reconstruir el pasado. Disciplinas como la arqueología estudian los cambios de las sociedades a través de los restos materiales que dejaron, empleando equipos especializados para determinar la edad de los objetos hallados; cuando estos presentan inscripciones, su datación a una era geológica concreta resulta más sencilla. Antes de excavar, los científicos suelen realizar labores de prospección, examinando sedimentos superficiales y patrones de erosión para localizar yacimientos, y distinguen excavaciones de urgencia, de investigación y patrimoniales según su finalidad.
Para fechar los procesos ocurridos en el pasado existen dos grandes métodos: la datación relativa, que ordena las rocas de forma secuencial y permite establecer la sucesión de eventos sin precisar una edad exacta, y la datación absoluta, que aporta fechas precisas mediante técnicas radiactivas. Entre las técnicas más habituales destacan la dendrocronología, que determina la edad a través de los anillos de los árboles; el carbono-14, que mide la concentración de carbono en organismos que estuvieron vivos; el potasio-argón, empleado para datar rocas volcánicas; y la termoluminiscencia, que aplica calor a materiales de arcilla y mide sus niveles de radiactividad.
Son ejemplos del pensamiento científico una enorme variedad de conocimientos racionales, empíricos, comprobables y comunicacionales. Entre ellos se destacan las leyes de la física y las aplicaciones de la química.
También lo son aquellas con aplicaciones concretas en la tecnología, como la electricidad, la informática o la astronomía, por ejemplo.
Encontramos el pensamiento científico en contextos menos evidentes, como los razonamientos científicos aplicados; ejemplos de estos son las matemáticas, las teorías sociológicas, psicológicas, económicas y de otras ciencias sociales, o los pasos del método científico.
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