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Las siglas ASTO o ASO se emplean para referirse a los anticuerpos antiestreptolisina O y a la prueba sanguínea que mide su concentración. Estos anticuerpos aparecen como respuesta a una infección por estreptococos betahemolíticos del grupo A. Algunas complicaciones posteriores a la infección, como la fiebre reumática, pueden afectar las articulaciones, el tejido celular subcutáneo y el corazón. Por ello, para comprender cómo bajar el ASTO, primero es necesario conocer qué indica el resultado y cuál es la causa asociada.

ASTO hace referencia a los anticuerpos antiestreptolisina O, de ahí el acrónimo. El organismo produce estos anticuerpos como respuesta al estreptococo betahemolítico del grupo A. Esta bacteria puede causar infecciones en la garganta o la piel y, en algunos casos, complicaciones inflamatorias posteriores, como la fiebre reumática. Su incidencia es mayor en niños y adolescentes, aunque también puede presentarse en adultos.
En función de la sintomatología y de los antecedentes clínicos, los médicos pueden indicar una prueba de ASTO para detectar estos anticuerpos. Un resultado positivo puede aportar evidencia de una infección estreptocócica reciente, pero no confirma por sí solo una enfermedad concreta. Si se diagnostica una infección activa o una complicación relacionada, el tratamiento puede dirigirse al control del dolor y la inflamación, así como a la eliminación de la bacteria cuando corresponda.
La inflamación descrita puede aparecer en el contexto de la fiebre reumática, una reacción inflamatoria que se desarrolla después de determinadas infecciones causadas por el estreptococo betahemolítico del grupo A. Esta bacteria se relaciona con la faringitis estreptocócica y con algunas infecciones de la piel.
En muchos casos, las personas que presentan fiebre reumática han tenido previamente una infección provocada por dicha bacteria, con frecuencia una faringitis estreptocócica.
La fiebre reumática afecta principalmente a niños de entre 5 y 15 años.
En los países de ingresos bajos y medianos, la fiebre reumática y la cardiopatía reumática continúan siendo un problema de salud pública. La enfermedad puede afectar distintos sistemas del organismo, especialmente las articulaciones y el corazón, y ocasionar lesiones permanentes en las válvulas cardiacas.
La prueba de ASTO puede solicitarse cuando existen síntomas o antecedentes compatibles con una infección previa por estreptococos del grupo A. El análisis ayuda a detectar anticuerpos relacionados con una infección reciente, pero no permite confirmar por sí solo que la bacteria siga presente. Por ello, saber cómo bajar el ASTO no consiste en tratar una cifra aislada, sino en identificar y abordar la causa o la complicación diagnosticada.
Los anticuerpos antiestreptolisina O pueden encontrarse en la sangre durante semanas o meses después de que la infección por estreptococos haya desaparecido.
Un resultado negativo no descarta por completo que haya existido una infección por estreptococos. Por ello, el profesional sanitario puede repetir el examen entre dos y cuatro semanas después. En algunos casos, una prueba inicialmente negativa puede dar positivo cuando se realiza de nuevo.
También es posible obtener un resultado positivo aunque no se hayan presentado síntomas. La interpretación debe hacerse junto con los antecedentes, la exploración clínica y, cuando sean necesarias, otras pruebas.
Para comprender cómo bajar el ASTO, debe recordarse que el valor de anticuerpos no se trata de forma aislada. La atención se dirige a la infección o a la complicación diagnosticada. El reposo y el retorno a la actividad habitual deben adaptarse al estado clínico y a las indicaciones del equipo sanitario.
En cuanto a los medicamentos, deben utilizarse únicamente cuando sean prescritos por un profesional y según el diagnóstico. Entre los antibióticos mencionados para tratar la infección estreptocócica o prevenir recurrencias se encuentran la penicilina procaínica y, en caso de alergia a la penicilina, alternativas como la eritromicina. También se ha utilizado la sulfametoxipiridacina en determinados esquemas de profilaxis, aunque su indicación debe valorarse conforme a las guías clínicas vigentes. La elección del medicamento, la vía de administración y la duración del tratamiento dependen de la situación clínica de cada paciente.
Para controlar el dolor, la fiebre y la inflamación pueden utilizarse medicamentos antiinflamatorios, incluidos los salicilatos en determinados casos. Estos tratamientos requieren supervisión médica, especialmente cuando se administran dosis elevadas o durante periodos prolongados.
En algunas situaciones graves, el especialista puede valorar el uso de corticosteroides. Su indicación depende de la intensidad del proceso inflamatorio, de la afectación cardiaca y de la evolución del paciente, por lo que no deben utilizarse por cuenta propia.
El paciente debe seguir las indicaciones de reposo establecidas por el equipo médico. El regreso a las actividades habituales debe realizarse de manera progresiva y de acuerdo con la evolución de la enfermedad.
La alimentación debe adaptarse al estado general del paciente y aportar las proteínas, calorías y vitaminas necesarias. Si existe carditis u otra afectación cardiaca, el profesional sanitario puede indicar ajustes específicos, como limitar el consumo de sal.
La fiebre reumática puede presentarse de nuevo, especialmente durante los primeros años después del primer brote. Las personas que ya han padecido la enfermedad tienen mayor riesgo de recurrencia ante nuevas infecciones estreptocócicas. Por ello, en algunos casos se recomienda un tratamiento profiláctico prolongado, cuya duración debe establecerse de forma individual según los antecedentes y la afectación cardiaca.
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