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El bullying es la exposición constante que sufre un niño o adolescente a maltratos físicos o psicológicos realizados de forma intencional por otra persona o por un grupo. Como introducción al bullying, podemos definir el acoso escolar como una conducta agresiva hacia otra persona que puede incluir maltrato psicológico, verbal o físico. Por lo general, sucede en las instituciones educativas y el acosador se aprovecha del miedo de la víctima y del desequilibrio de poder para intimidarla.
Este tipo de conductas suele estar motivado por distintas razones, como el aspecto físico, la religión o el origen de la víctima. Su objetivo es mantener el sometimiento sobre la otra persona y generarle una sensación constante de miedo o inseguridad. En este artículo encontrarás información sobre el bullying, su importancia, cómo se desarrolla en el aula, propuestas para evitarlo y autores que hablen de bullying.

La mejor introducción sobre el bullying es hablar de su importancia. Sus consecuencias son perjudiciales y no solo repercuten en la entidad educativa, sino también en las familias y en toda la sociedad. Es un fenómeno complejo en el que intervienen numerosas variables, algunas de ellas externas a la institución: una familia permisiva, un ambiente que justifica la violencia...
No poner el foco en el bullying no afecta solo a la víctima, ya que esta situación puede llevarla al aislamiento social, a un bajo autoconcepto o al rechazo a la escuela. También afecta al agresor, que puede consolidar actitudes violentas, relaciones personales problemáticas y poco interés por los estudios. De ahí la importancia del bullying y de su pronta prevención.
A lo largo de la historia del bullying o acoso escolar han surgido numerosos autores que hablen sobre el bullying escolar. Si buscas 5 autores que hablen del bullying escolar, esta selección reúne estudios sobre agresión verbal, relaciones de poder, rendimiento académico, adolescencia y prevención. Todos coinciden en que el acoso no tiene justificación y se caracteriza por agresiones repetidas y un desequilibrio de poder.
Según los expertos, en la escena del bullying suelen intervenir el agresor, la víctima, los espectadores y los adultos responsables del entorno. De acuerdo con los autores que estudian este fenómeno, para combatirlo debemos plantearnos la participación y la corresponsabilidad de todos ellos. Al aceptar que no es un asunto de dos —víctima y agresor—, sino de toda la comunidad educativa, contribuimos a prevenirlo y detenerlo.
El acoso puede extenderse a distintos espacios y medios. Por eso, los autores que hablen de bullying, educadores, psicólogos e investigadores de diferentes disciplinas analizan sus consecuencias tanto para la víctima como para el agresor. Conviene distinguir entre la autoría de una investigación, su dirección académica y la coordinación de una obra colectiva.
En Manifestaciones de la agresión verbal entre adolescentes escolarizados, trabajo dirigido por Miriam Carlota Ordóñez Ordóñez, analiza las expresiones de agresión verbal entre adolescentes y distintas variables relacionadas con el acoso escolar.
En Bullying: el poder de la violencia. Una perspectiva cualitativa sobre acosadores y víctimas en escuelas primarias de Colima, analiza el fenómeno en cinco escuelas primarias de Colima, México. El estudio recupera la voz de agresores y víctimas y examina el poder y el acoso como formas de control.
Junto con Jennifer Quispe Ttito, es autora de El bullying y el rendimiento académico en los estudiantes de sexto grado de primaria en la institución educativa Francisco Bolognesi N.º 2016, UGEL 04, Comas, 2014. El trabajo estudia la relación entre el acoso escolar y el rendimiento académico.
Coordinó Bullying: una falsa salida para los adolescentes, una obra colectiva que ofrece una mirada psicológica del acoso para todos los participantes —víctima, agresor, testigos y adultos— y pone énfasis en el momento vital que atraviesan los adolescentes.
Pionero de la investigación sistemática sobre el acoso entre escolares, definió el bullying como la exposición repetida a acciones negativas por parte de una o más personas, dentro de una relación en la que la víctima tiene dificultades para defenderse.
Conocer las características de una persona que sufre bullying puede ser una excelente manera de responder a cómo prevenir el bullying escolar. Así, para dar continuación a una breve introducción sobre el bullying, es necesario mencionar los aspectos característicos de este fenómeno escolar:
Predominio del acosador sobre la víctima. Existe una desigualdad entre el poder del agresor y el de la persona agredida.
La víctima desarrolla miedo y desconfianza en sí mismo, debido a las constantes amenazas y ataques. Además, presenta miedo de encontrarse con su agresor.
Las agresiones se realizan de forma intencional y continua, lo que quiere decir que pueden durar meses o años.
Las víctimas suelen tener baja autoestima y verse afectadas en su rendimiento académico.
Las conductas violentas suelen estar acompañadas con agresiones verbales, físicas, psicológicas y en ocasiones sexuales.
Las víctimas pueden desarrollar trastornos de ansiedad, negarse a asistir a clase, experimentar cambios drásticos de humor o mostrarse más retraídas.
Ahora que conoces las características del acoso escolar, también es importante observar las posibles señales en la víctima. Ninguna demuestra por sí sola que exista bullying, pero pueden indicar que el niño o adolescente necesita apoyo y que conviene investigar lo ocurrido.
Para saber cómo podemos detener el bullying es esencial conocer las señales que pueden aparecer cuando un niño está sufriendo acoso. Cualquier menor puede ser víctima; no existe una edad ni un perfil psicológico que permita identificar todos los casos de forma automática.
No existe un perfil único de víctima. La tristeza, el aislamiento, el rechazo a ir al centro educativo, la pérdida de amistades o el descenso del rendimiento pueden ser señales de alerta, pero deben valorarse en su contexto. El acoso también puede afectar con mayor frecuencia a niños con discapacidad o a quienes son percibidos como diferentes por el grupo.
Es difícil determinar una causa común para todos los casos de bullying, ya que dependen de numerosos factores. Sin embargo, pueden aparecer características semejantes, como la falta de empatía del acosador, la búsqueda de poder, la presión del grupo o la normalización de la violencia.
Los motivos que llevan a una persona a asumir el papel de agresor son diversos y complejos. En algunos casos influyen factores psicológicos o personales, modelos violentos en el entorno familiar y social, o la justificación de la violencia. Ninguno de estos factores excusa la agresión.
También puede influir la falta de educación emocional y en valores, como la empatía y el respeto hacia los demás. Finalmente, el desconocimiento de qué es el bullying, cuáles son sus consecuencias y cómo debe comunicarse contribuye a que el problema persista en el ámbito escolar.
Entre las posibles consecuencias del bullying se encuentran las siguientes:
En los casos graves, el acoso escolar puede asociarse con depresión, aislamiento, ideas suicidas y otras consecuencias que requieren atención profesional. El suicidio no responde a una sola causa, sino a múltiples factores de riesgo. Informar, escuchar y activar los protocolos de protección ayuda a prevenir daños dentro y fuera de los centros educativos.
¿Sabes que existen distintos tipos de bullying o acoso escolar? El acoso puede presentarse de diferentes formas, que no deben pasar desapercibidas. La mejor manera de combatir un problema de esta magnitud es conocerlo en profundidad. Por este motivo, explicamos las formas que puede utilizar el agresor para intimidar a su víctima:
El agresor busca dañar físicamente a la víctima mediante golpes, empujones o el uso de objetos. También puede incluir el robo o la destrucción intencionada de sus pertenencias.
Es una de las formas más visibles de acoso y puede incluir golpes, codazos o palizas entre uno o varios agresores y una sola víctima. En algunas ocasiones se produce también el robo o el daño intencionado de pertenencias.
Es aquel que afecta a la autoestima de la víctima y refuerza sus temores. Los agresores suelen intimidar, chantajear, perseguir, manipular o amenazar; también se incluyen los casos en los que se obliga a la víctima a hacer cosas en contra de su voluntad.
El acoso escolar psicológico puede debilitar emocionalmente a la persona agredida. Esta modalidad daña la autoestima y genera miedos e inseguridades. Su reiteración puede hacer que la víctima cuestione su reputación, sus capacidades o su rendimiento escolar.
Consiste en insultar, burlarse o intimidar mediante amenazas con la finalidad de ridiculizar a la víctima.
El bullying verbal, también conocido como acoso escolar verbal, se caracteriza por el uso de palabras crueles, insultos o amenazas. Algunos ejemplos son los apodos ofensivos, las burlas, las humillaciones y la difusión de rumores.
Se produce cuando el acosador intenta aislar a la víctima de su círculo social mediante rumores, humillaciones, rechazo o exclusión de actividades.
Incluye acciones no consentidas que afectan a la integridad física o psicológica de la víctima, como tocamientos, presiones, comentarios sexualizados o burlas relacionadas con su orientación sexual o identidad.
Se produce mediante redes sociales, servicios de mensajería y otras plataformas digitales. Puede incluir la difusión de vídeos o imágenes humillantes, rumores, amenazas o suplantaciones de identidad.
El ciberbullying puede iniciarse dentro o fuera del centro educativo y continuar a cualquier hora. La rapidez de difusión, la permanencia de los contenidos y la amplitud de la audiencia pueden aumentar el daño.
Ahora ya conoces el bullying social, verbal, físico, psicológico, sexual y digital. A continuación, abordamos el ciberbullying y las medidas para prevenir y detener el acoso.
Hablar del acoso escolar en la actualidad también implica hablar de ciberbullying. Una de las principales diferencias de este tipo de maltrato es que, además de originarse en el centro educativo, puede continuar después en casa mediante redes sociales, servicios de mensajería y otras plataformas de Internet. El uso de medios digitales permite que el hostigamiento se prolongue fuera del horario escolar y llegue a una audiencia más amplia.
Con todo ello, uno de los principales focos de los autores e investigadores del bullying en la actualidad se encuentra en el acoso a través de Internet. En concreto, se abordan temas como:
A continuación, presentamos algunas propuestas para prevenir y detener el bullying y el ciberbullying escolar.
La solución del bullying es más complicada de lo que puede parecer. Existen distintas medidas para prevenirlo y detenerlo, pero su aplicación depende de factores personales, escolares y del entorno.
Trabajar el problema desde la escuela es fundamental. A continuación, mostramos algunas medidas que pueden aplicarse desde el ámbito educativo:
Para lograr una prevención efectiva del acoso escolar es necesario sensibilizar y formar a todas las personas que integran el espacio educativo. Solo mediante una detección oportuna es posible identificar las situaciones irregulares, documentarlas y aplicar los protocolos y las medidas de protección adecuados antes de que el problema se agrave.
Una de las medidas más efectivas es enseñar a niños, adolescentes y jóvenes la importancia de la tolerancia, el respeto y la empatía. También deben aprender a expresar sus emociones, gestionar los conflictos sin violencia y pedir ayuda cuando presencian una agresión.
El aula es el contexto en el que se manifiestan muchas agresiones y donde suele haber compañeros que actúan como espectadores. Por eso debe trabajarse con todo el grupo para que conozca las consecuencias del acoso, rechace las conductas violentas, apoye a la víctima y comunique la situación a una persona adulta.
Las familias desempeñan un papel determinante en la detección y la prevención del bullying. La coordinación con el centro educativo permite compartir cambios de conducta, aportar información y acordar medidas coherentes de protección y seguimiento.
Estas medidas pueden ayudar a prevenir el acoso y a reducir su continuidad. A continuación, abordamos cómo actuar desde el entorno familiar.
Después de las medidas destinadas a la escuela, estas recomendaciones pueden ayudar a las familias a prevenir el acoso y actuar cuando se detecta un caso:
Estas medidas facilitan la prevención y la intervención. Cuando el acoso ya se ha producido, es necesario aplicar los protocolos del centro y realizar un seguimiento del caso.
La prevención y la intervención frente al acoso escolar no son sencillas. Es necesario estudiar cada caso para elegir estrategias adecuadas que eviten la aparición del acoso o permitan detenerlo cuando ya existe.
Estas diez estrategias pueden ser de utilidad para saber cómo actuar frente al bullying en las escuelas:
En ocasiones, el personal docente y las instituciones educativas no disponen de conocimientos suficientes para detectar el bullying. Hay casos en los que se ignora la violencia escolar, se interpreta como una broma o se le resta importancia. Estas respuestas pueden favorecer que las agresiones continúen y que la víctima pierda confianza en los adultos responsables.
La formación del personal educativo facilita la detección de cada caso, la diferenciación entre un conflicto puntual y una situación de acoso, y la aplicación de medidas concretas conforme a los protocolos establecidos. También permite saber cómo registrar los hechos y cómo comunicarse con las familias.
El grupo de clase es el contexto en el que suele producirse el acoso y donde puede haber testigos que lo refuercen, lo rechacen o pidan ayuda. En muchos casos, la repetición de la conducta se mantiene por la aceptación, la risa o el silencio de los compañeros. Por eso es importante trabajar con todo el alumnado y no solo con quienes participan directamente.
El objetivo es que el grupo rechace las conductas violentas, no difunda rumores ni contenidos humillantes, apoye a la víctima y comunique la situación a una persona adulta responsable. La reacción del grupo puede reducir el reconocimiento social que busca el agresor y dificultar la continuidad del acoso.
El bullying no debe tratarse como un tema prohibido ni ocultarse. Hablar abiertamente de sus manifestaciones, sus consecuencias y sus medidas preventivas ayuda al alumnado a reconocerlo y comunicarlo con rapidez. El tema puede abordarse en tutorías, actividades de convivencia y espacios de participación adaptados a la edad.
Los planes de educación emocional y en valores permiten trabajar la tolerancia, el respeto, la empatía y la expresión adecuada de las emociones. También ayudan a que el alumnado identifique cómo se siente, comprenda el impacto de sus actos y aprenda formas no violentas de resolver desacuerdos.
Para ello pueden utilizarse películas, historias, actividades, juegos de roles y debates adaptados a la edad del alumnado. Estos recursos deben ir acompañados de una reflexión guiada para evitar que la violencia se presente como una conducta normal o divertida.
Las actividades cooperativas favorecen la empatía, el conocimiento mutuo y la consecución de objetivos comunes. Los juegos grupales y los proyectos compartidos son ejemplos de este tipo de trabajo, siempre que el profesorado supervise la participación y evite que la distribución de los grupos reproduzca situaciones de exclusión.
La mediación puede ser útil en conflictos entre partes que se encuentran en condiciones de igualdad. En un caso de bullying existe un desequilibrio de poder, por lo que una mediación directa entre la víctima y el agresor puede aumentar la presión sobre la persona afectada. Esta técnica no debe sustituir las medidas de protección, intervención y seguimiento.
La persona agredida debe recibir apoyo y saber que el centro está tomando medidas para protegerla y detener la situación. Es importante informarle de los pasos que se van a seguir, evitar responsabilizarla de lo ocurrido y comprobar de forma periódica si las agresiones han cesado.
También es importante ofrecerle espacios seguros para expresar sus emociones y sentimientos. Según la edad y las necesidades de la víctima, pueden utilizarse conversaciones individuales, actividades de expresión o el acompañamiento de profesionales especializados.
Las familias desempeñan un papel fundamental, ya que ayudan a detectar cambios, aportar información y acompañar al estudiante. Debe existir una comunicación directa entre el hogar y el centro educativo para acordar actuaciones, evitar mensajes contradictorios y realizar un seguimiento continuado del caso.
Aunque la protección de la víctima es prioritaria, también es necesario intervenir con la persona agresora. Debe comprender las consecuencias de sus actos, asumir responsabilidades y recibir orientación para modificar su conducta. Limitarse a imponer una sanción, sin trabajar las causas y los patrones de comportamiento, puede no ser suficiente para evitar nuevas agresiones.
La atención psicológica puede ayudar a abordar las consecuencias emocionales del acoso, especialmente cuando aparecen ansiedad, aislamiento, miedo intenso o rechazo a la escuela. Debe ser prestada por profesionales y formar parte de una respuesta coordinada, sin sustituir la actuación del centro educativo ni las medidas de protección.
El acompañamiento profesional puede trabajar la autoestima, las habilidades sociales, la gestión de conflictos, la ansiedad y la expresión de emociones, según las necesidades de cada persona. También puede orientar a la familia y coordinarse con el centro cuando resulte conveniente y exista la autorización correspondiente.
¿Cómo podemos combatir el bullying escolar? En la actualidad existen programas y organizaciones destinados a prevenirlo y actuar ante los casos detectados. Uno de los programas más conocidos es KiVa, desarrollado por la Universidad de Turku, en Finlandia, que trabaja mediante acciones de prevención, intervención y supervisión e implica al grupo de iguales.
Entre los modelos y programas que ofrecen estrategias para prevenir el bullying se encuentran los siguientes:
El modelo ABC. Su nombre se relaciona con el Anti-Bullying Centre y con los principios Avoid aggression, Be tolerant y Care for others: evitar la agresión, ser tolerante y preocuparse por los demás. Busca sensibilizar a la comunidad educativa y dotar al personal de estrategias preventivas. Se desarrolla mediante la formación, la coordinación y la aplicación del modelo en el centro.
Programa TEI. La Tutoría Entre Iguales es un programa de convivencia y prevención de la violencia basado en la tutorización emocional entre estudiantes. El alumnado de cursos superiores acompaña a compañeros más pequeños con la participación de toda la comunidad educativa.
Además de aplicar un programa, cada centro debe seguir su protocolo, documentar las actuaciones y revisar si las medidas adoptadas están funcionando.
Entre las estrategias atribuidas a Cohn-Vargas se encuentran las siguientes. Deben adaptarse a cada caso y al protocolo del centro:
Explorar la problemática: analizar qué está ocurriendo, desde cuándo, dónde sucede, quiénes están implicados y qué respuesta ha recibido la víctima hasta ese momento.
Implicar a los adultos y agentes del entorno: coordinar a la familia, el profesorado y los responsables de convivencia para acordar medidas, sin enfrentar a la víctima con el agresor ni exigirle que resuelva sola la situación.
Promover la tolerancia: desarrollar dinámicas de grupo que fomenten el respeto, la inclusión y el rechazo de las conductas humillantes o discriminatorias.
Supervisar las conductas agresivas: identificar lo que ocurre, observar los espacios de mayor riesgo y mantener un seguimiento continuado de la persona agresora y del grupo.
Mantener la calma: abordar la situación con serenidad, escuchar antes de actuar y transmitir seguridad a la víctima, sin minimizar los hechos ni reaccionar de forma impulsiva.
Registrar el acoso: documentar fechas, hechos, lugares, mensajes, testigos y actuaciones realizadas. En los casos de ciberacoso conviene conservar capturas y otras pruebas antes de bloquear o denunciar.
Apoyar a la víctima: escucharla, protegerla, mantenerla informada y facilitar el acceso a ayuda especializada cuando sea necesario. La víctima debe saber que no es culpable de lo ocurrido.
En las escuelas, cada docente puede contribuir a detectar y comunicar posibles situaciones de acoso. Entre las medidas básicas se encuentran:
Otra estrategia para prevenir y trabajar el bullying es utilizar recursos de ocio y lectura. Un cómic no tiene que ser largo para transmitir un mensaje, pero sí debe tener un contenido, un diseño y una redacción adecuados. A través de los cómics podemos abordar el acoso escolar y el ciberbullying.
UNICEF seleccionó Cipta: ¡Crea! como obra ganadora de su concurso de cómic de superhéroes. La historia presenta a Rajwa, una adolescente cuyos dibujos cobran vida y que utiliza sus poderes para enfrentarse al acoso escolar y recuperar la convivencia en su centro.
Las asociaciones contra el bullying son organizaciones que trabajan para prevenir el acoso, apoyar a las personas afectadas, formar a familias y profesionales y promover entornos educativos seguros. Su actuación y sus recursos varían según el país.
En España, la Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar (AEPAE) es una entidad no gubernamental, de utilidad pública y sin ánimo de lucro. Está integrada por profesionales de la psicología, la pedagogía, la educación social, el derecho, la autoprotección y el ciberacoso, además de familias de víctimas.
Una manera de combatir estas conductas es mediante campañas de concienciación y actividades de reflexión en las clases, las comunidades y los hogares. Reflexionar sobre el bullying es una responsabilidad compartida. Familias y docentes deben conocer las señales que permiten detectar si un niño o adolescente está siendo acosado dentro o fuera del aula y deben ofrecer canales seguros para pedir ayuda.
No podemos hablar de aspectos positivos del bullying, pero sí podemos detenernos a reflexionar sobre sus causas, sus consecuencias y la forma de combatirlo. Las frases breves pueden utilizarse como punto de partida para conversar sobre el respeto, la responsabilidad de los testigos y la importancia de no guardar silencio ante una agresión:
No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti.
Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor.
Eduquemos con amor para que la violencia no sea una opción.
El acoso no es un problema de niños, es un problema de valores.
El bullying deja cicatrices invisibles que duran toda la vida.
No te quedes callado. El silencio alimenta al acosador.
Las palabras pueden construir o destruir. Usa las tuyas con sabiduría.
No es gracioso si duele. No es un juego si alguien sufre.
El verdadero coraje está en defender a quien no puede hacerlo solo.
Estas reflexiones pueden plantearse desde distintos puntos de vista, pero todas deben conducir a lo esencial: prevenir el bullying, escuchar a quienes lo sufren y actuar de forma coordinada en los entornos educativos y familiares.
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