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En este contenido se explican los tipos de discapacidad intelectual y las características generales de sus distintos niveles, además de algunas condiciones relacionadas. También se aborda la diferencia entre minusvalía y discapacidad, la relación entre diagnóstico y valoración funcional y la importancia de las habilidades sociales para favorecer participación, autonomía e inclusión.
La discapacidad intelectual engloba situaciones diversas que pueden afectar al aprendizaje, la autonomía y la adaptación a distintos contextos. No todas las personas presentan las mismas necesidades ni requieren el mismo nivel de apoyo, por lo que resulta importante evitar generalizaciones y comprender cada caso atendiendo a sus capacidades, entorno y funcionamiento cotidiano. También se consideran apoyos educativos adecuados.

Como es obvio, antes tenemos que tener bien claro qué es la discapacidad.
La discapacidad es la condición de ciertas personas, las cuales presentan deficiencias (o falta de capacidad) en el terreno físico, intelectual o sensorial.
Además, esto ocurre tanto a corto como a largo plazo y les afecta a la hora de interactuar con el resto y participar así en la sociedad.
Existen diversos tipos de discapacidad, que podemos clasificar en:
La abreviatura de discapacidad más utilizada en contextos médicos y educativos es PCD, que indica Persona con Discapacidad. Este término fue propuesto por las Naciones Unidas.
Antes que nada, queremos señalar que los términos cambian. Y eso es señal de progreso. Antaño, a la discapacidad intelectual se le denominará deficiencia intelectual e, incluso, retraso mental. Como ya sabemos todos, este término, además de ser peyorativo, es el del todo incorrecto a nivel científico.
La discapacidad intelectual hace referencia a esas personas con un funcionamiento intelectual que se encuentra por debajo de la media. Esta falta de capacidad intelectual hace que estas personas presenten dificultades en su vida diaria.
En este post, hablaremos sobre los diferentes tipos de discapacidad intelectual, así como algunas de sus causas. Porque, recordemos, la discapacidad es la ""consecuencia de"" y no al revés.
Antes de la última revisión, la discapacidad intelectual quedaba dividida en diferentes tipos. Así, según los manuales de diagnóstico como la OMS (CIE-10) y el DSM-IV, podemos hablar de grados de discapacidad intelectual, que se medían en función del cociente intelectual (CI) de los individuos.
Estos son los antiguos tipos de discapacidad intelectual y explicaremos también cómo se identificaban:
Los tipos de discapacidad intelectual leve corresponden a personas que tienen un coeficiente intelectual de 75 a 50. Son capaces de aprender a leer, a escribir e incluso a realizar operaciones matemáticas con apoyos. Sin embargo, suelen requerir ayuda y asesoramiento en tareas más complejas, como ejercer un ejemplo o gestionar económicamente algo.
Pueden alcanzar autonomía en su vida diaria y formar parte del sistema educativo actual, aunque su aprendizaje requerirá más tiempo y esfuerzos que el del resto de compañeros.
Los tipos de discapacidad intelectual moderada corresponden a personas con un CI de entre 35 y 49.
Algunas de sus características son:
Las personas con discapacidad intelectual moderada podrán obtener cierto grado de autonomía en su vida diaria, aunque para ello requerirán de terapia especializada.
Los tipos de discapacidad intelectual grave son aquellos que poseen individuos que poseen un coeficiente de 20 a 34. En casi todos los casos, existen daños a nivel neurológico.
Pero, ¿qué rasgos comunes presentan las personas con una discapacidad intelectual grave? Pues bien, estos tienen un lenguaje muy limitado, por lo que, en muchas ocasiones, deben usar sistemas alternativos de lenguaje. Además, necesitan apoyo constante en todas las actividades de su vida, presentan dificultades para adaptarse socialmente y suelen considerarse incapaces de tomar sus decisiones legalmente.
Por último, los tipos de discapacidad intelectual profunda son los casos más graves, y los encontramos en personas que tienen un CI de menos de 20. Sus habilidades comunicativas están muy limitadas y, en algunos casos, son inexistentes.
Para hacer una vida normal diaria, dependen completamente de otra persona porque, además, suelen presentar dificultades motoras o sensoriales asociadas a la discapacidad intelectual.
¿Sabes que muchas personas públicas poseen diferentes grados de discapacidad intelectual? Tener esta condición no te hace menos válido ni incapaz de conseguir aquello que te propongas. Algunos de los personajes con discapacidad intelectual son, por ejemplo, los actores o actrices con síndrome de Down, una condición que suele llevar asociada una discapacidad intelectual ligera o moderada.
Ya hemos visto los antiguos tipos de discapacidad intelectual. Por otro lado, cabe destacar que existen múltiples enfermedades, síndromes o patologías que derivan en discapacidad intelectual. Estos son algunos de los ejemplos más comunes que podemos encontrar:
El autismo no determina por sí solo un porcentaje único de discapacidad: la valoración depende del impacto funcional y de las necesidades de apoyo de cada persona. Al plantear esta valoración, conviene diferenciar el diagnóstico del trastorno del espectro autista de la evaluación administrativa del grado de discapacidad, que considera autonomía, comunicación, participación y otras circunstancias personales.
Otra de las causas que puede degenerar en diversos tipos de discapacidad intelectual es la parálisis cerebral. En concreto, es un trastorno que se da como consecuencia de un desarrollo anormal del cerebro o de daños en esta misma parte del cuerpo.
De hecho, muchos casos de parálisis cerebral se deben a complicaciones en el parto (como la falta de oxígeno). Además de a un nivel intelectual, la parálisis cerebral afecta, sobre todo, a la movilidad. De ahí que equipos multidisciplinares (fisioterapeutas, maestros, terapeutas ocupacionales…) trabajen con este tipo de personas.
Por su parte, el síndrome X frágil, también conocido como el Martin-Bell, es la causa más frecuente de discapacidad intelectual en hombres y, además, es hereditario.
Existen diferentes grados y afecta al cromosoma X. Entre sus características físicas, se encuentran las orejas largas, cejas prominentes o una gran frente.
Por otro lado, el síndrome de Angelman provoca distintas afecciones en la persona: desde una discapacidad intelectual hasta un lenguaje casi nulo, epilepsia; hasta problemas en el movimiento y en el equilibrio (ataxia).
El síndrome de Prader-Willi, generado por un fallo en el cromosoma 15, es otro de los que pueden generar una discapacidad intelectual. Una de sus características más notorias es el apetito excesivo que tienen estas personas. De este modo, muchas sufren obesidad, diabetes, alteraciones en el sueño. ..
Por su parte, el síndrome del maullido viene porque el llanto de estos bebés se parece a un maullido de gato. Además, estas personas presentan un dimorfismo facial muy característico, así como microcefalia (cabeza pequeña) y, también, la discapacidad intelectual.
Finalmente, el síndrome alcohólico fetal se da debido a que la madre ingirió bebidas alcohólicas durante la gestación o embarazo. Los síntomas más comunes de este síndrome son:
En este sentido, siguen existiendo dudas sobre si condiciones como el síndrome de Down o el autismo corresponden a algún tipo de deficiencia intelectual, popularmente y erróneamente conocido como retraso mental. Y lo cierto es que no.
Por un lado, nos preguntamos: ¿Es el síndrome de Down un tipo de discapacidad intelectual? La respuesta es no. Lo correcto es decir que es la causa de la discapacidad intelectual. El síndrome de Down se produce por una alteración genética. Estas personas tienen, en vez de 46 cromosomas, uno de más: 47. Asimismo, suelen presentar otras patologías como cardiopatías, apnea del sueño o problemas auditivos.
¿Y en el caso del autismo? Como es sabido, la causa del autismo todavía se desconoce, pero sí es cierto que algunos autistas presentan también una discapacidad intelectual. Y es que este trastorno del espectro autista o TEA es, como bien dice la palabra, un trastorno del desarrollo, pero no siempre implica que se dé una discapacidad mental como tal. Algunos autistas son incapaces de emitir palabra, de ahí que los pictogramas sean una herramienta didáctica muy empleada, mientras que otros son totalmente capaces de hablar.
Entonces, ¿qué grado de discapacidad tiene el autismo? El trastorno del espectro autista no se considera una discapacidad del aprendizaje, aunque sí afecta a este de manera similar a las discapacidades. Es por ello que los/las niños/as que presentan autismo suelen requerir una educación especial en la escuela. Teniendo en cuenta los diferentes tipos de autismo, existen diferentes formas de manifestarse en cada individuo, por lo que los grados de trastorno autista pueden variar desde estados más leves a casos de gravedad, por lo que el grado de autismo varía en función de cada persona que lo padezca.
Para fomentar las capacidades cognitivas, motrices y de expresión de los pacientes, los juegos y otras actividades dinámicas que requieran de su interactividad pueden ser una herramienta muy útil. Con ellos, conseguiremos que aprendan mientras se divierten y el nivel de concentración sea mayor. ¡Veamos algunos ejemplos!
Dibujos con cintas en el espacio: El objetivo de este juego es trabajar las habilidades motrices básicas y consiste en realizar movimientos con cintas (semejantes a los que hacen las deportistas de gimnasia rítmica). Los demás participantes intentarán imitar a la persona que en ese momento guía al grupo.
Encontrar parejas o señalar diferencias entre imágenes. Con esta actividad se fomenta la estimulación cognitiva. Se puede realizar con cartas o incluso con dibujos que previamente hayan realizado los participantes.
Musicoterapia: Implicar elementos musicales en las terapias o hacerlos protagonistas de diversas actividades tiene grandes beneficios para los procesos cognitivos. Propicia la concentración, estimula la expresión de las emociones y reduce el estrés.
Colorear según el dibujo: Consiste en establecer un modelo de dibujo al lado de otro sin colorear; esto ayudará a que la persona con discapacidad intelectual vaya rellenando la plantilla y asociando los colores a elementos de la vida real. El dibujo también tiene efectos muy positivos en las habilidades psicomotrices.
Encontrar al intruso: Este juego consiste en poner imágenes que pertenezcan a una categoría o familia de objetos, incluyendo una que no tenga nada que ver para que el usuario la detecte.
Ordenar secuencias: Con esta actividad se persigue mejorar la memoria y consiste en la visualización de una serie de objetivos para tener luego que memorizarlos en orden. Este juego se puede complicar incluyendo elementos repetidos.
Reconocimiento emocional: Se trata de poner fotos o imágenes de personas que, claramente, estén manifestando una emoción. La tarea del participante será detectar qué tipo de emoción es.
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La inclusión también exige trabajar habilidades sociales de forma explícita y adaptada. ¿Cómo mejorar las relaciones sociales de las personas con discapacidades intelectuales? Implica practicar comunicación, reconocimiento de emociones, turnos, resolución de conflictos y participación en actividades compartidas, respetando siempre el ritmo y las capacidades de cada persona. Estos apoyos pueden mejorar la autonomía y la calidad de las relaciones en contextos familiares, educativos y comunitarios.
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