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La profesionalización moderna de la enfermería recibió un impulso decisivo con la Nightingale Training School for Nurses, creada en 1860 en Inglaterra para formar enfermeras con una preparación sistemática. Su fundadora, Florence Nightingale, fue enfermera, escritora y estadística británica, y su trabajo contribuyó a consolidar una práctica basada en la observación, la organización del cuidado y la formación profesional.
Su figura también se asocia a la conocida imagen de “la dama de la lámpara”, por sus rondas nocturnas durante la guerra de Crimea. Ese legado ayuda a contextualizar los principios de la enfermería pediátrica, que combinan ética, seguridad, atención a las necesidades del niño, comunicación con la familia y adaptación de los cuidados a cada etapa del desarrollo.
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Sabemos cómo se dio su origen y quién contribuyó de forma decisiva a la profesionalización de la enfermería, pero ahora pasaremos a definir qué es la enfermería pediátrica.
Por enfermería pediátrica se entiende el área que brinda atención y cuidados especializados al paciente pediátrico, tanto sano como enfermo, e incluye funciones relacionadas con el cuidado continuo, la promoción de la salud, la prevención de enfermedades y el seguimiento de su evolución.
Esta rama de la enfermería, llamada en inglés pediatric nursing, se centra en recién nacidos, niños y adolescentes. La necesidad de una atención diferenciada no responde solo a las particularidades anatómicas y fisiológicas de estas etapas, sino también al crecimiento, el desarrollo emocional, la capacidad de comunicación y el entorno familiar de cada paciente.
Estas distinciones forman parte de los principios de la enfermería pediátrica, ya que obligan a adaptar la valoración, la comunicación y los cuidados a la edad, el grado de desarrollo y las necesidades concretas del menor.
Antes de enumerar los principios de la enfermería pediátrica, debes saber que las actividades y funciones de un enfermero pediátrico son diferentes a las de los enfermeros de adultos por múltiples razones. El paciente pediátrico requiere una atención adaptada a su edad y grado de madurez; la familia o los cuidadores desempeñan un papel esencial en la toma de decisiones, el acompañamiento y la continuidad de los cuidados.
Por tal razón, todo profesional de la enfermería pediátrica deberá desarrollar sus conocimientos para atender las necesidades básicas de los niños y desempeñar otras funciones como:
Dado que los niños todavía están creciendo, los enfermeros deben tener en cuenta el impacto que una enfermedad o una lesión pueden causar en el desarrollo del pequeño.
Además, los cuidados de enfermería en la pediatría requieren una comunicación constante con padres, madres o cuidadores. Un cuidado centrado en la familia implica escuchar sus observaciones, explicar procedimientos y recomendaciones con claridad, favorecer su participación cuando resulte adecuada y ofrecer educación sanitaria para que los cuidados puedan continuar fuera del entorno clínico. Esta colaboración no sustituye la valoración profesional, pero sí aporta información sobre hábitos, cambios de conducta, necesidades emocionales y respuestas del niño que pueden ser relevantes para planificar una atención más individualizada.
Los principios de la enfermería pediátrica buscan preservar o mejorar el estado de salud del paciente y orientar la práctica mediante valores éticos y bioéticos aplicados a la promoción de la salud, la prevención de enfermedades, la seguridad y el respeto a la dignidad de la persona. La ética es especialmente importante en enfermería porque estos profesionales mantienen un contacto continuado con los pacientes y sus familias y pueden enfrentarse a decisiones complejas a lo largo de la práctica clínica.
En este marco, los principios de la enfermería pediátrica pueden agruparse en cuatro ejes bioéticos fundamentales:
Aplicar estos principios también exige observar el crecimiento y el desarrollo, anticipar riesgos, promover hábitos saludables, detectar cambios relevantes y coordinar los cuidados con otros profesionales. De este modo, la práctica ética no se limita a resolver dilemas puntuales, sino que forma parte de la valoración cotidiana, la comunicación con la familia, la educación sanitaria y la continuidad asistencial.
Para ejercer la profesión de acuerdo con los principios de la enfermería pediátrica, se necesita:
En el área de la enfermería pediátrica, la excelencia en el ejercicio profesional lleva a ofrecer un mejor servicio. La especialización en enfermería contribuye a la calidad, la seguridad de los pacientes y la mejora de la práctica clínica, especialmente cuando se combina con formación continua, coordinación entre profesionales y atención basada en las necesidades del paciente.
Desde la enfermería pediátrica, esa atención y ese cuidado se dirigen a recién nacidos, niños y adolescentes. Esto implica que la enfermera o el enfermero debe poseer amplios conocimientos sobre el desarrollo infantil y los procesos de salud y enfermedad durante estas etapas. Además, su labor se realiza en intercambio constante con padres, otros familiares y cuidadores, sin perder de vista la participación progresiva del propio menor en aquello que afecta a su salud.
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