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Los seres humanos nos comunicamos constantemente y compartimos experiencias con otras personas, que, a su vez, poseen sus propios pensamientos y emociones. Por eso, conviene actuar con respeto y tolerancia incluso cuando algo no encaja con nuestra manera de pensar. La empatía entra en este campo de relación: la capacidad para percibir y comprender a los demás es imprescindible. A continuación, presentamos algunas actividades de empatía para niños, jóvenes y adultos. Estas propuestas pueden adaptarse al aula, al hogar y al trabajo, así como al ritmo y las necesidades de cada grupo.
Recordemos que la empatía es la capacidad de «ponerse en los zapatos» del otro, es decir, de percibir y comprender sus emociones, sentimientos y pensamientos en un plano emocional y cognitivo. Mostrar empatía hacia otras personas permite reconocerlas como semejantes y aplicar valores básicos como el respeto por su estado emocional.

El Diccionario de la lengua española recoge dos acepciones de empatía:
Siguiendo ambas, podemos decir que la empatía alude a la identificación con lo que otra persona siente, padece o experimenta, ya sean circunstancias, avatares, emociones o afectos. Coloquialmente se utiliza la frase «ponerse en los zapatos de otra persona»; es decir, implica un acto de comprensión.
De manera general, como valor y actitud, permite construir relaciones interpersonales sólidas y genuinas, basadas en el respeto y en la respuesta sensible frente a situaciones concretas. Para explicar qué es ser empático, basta pensar en quien escucha, comprende y actúa sin ridiculizar ni minimizar lo que vive otra persona. En determinados contextos, como la escuela o el trabajo, la empatía favorece una convivencia sana y positiva.
Algunos ejemplos sencillos del valor de la empatía se observan cuando alguien ayuda a un compañero nuevo, escucha a quien está triste o respeta una opinión distinta. Estos ejemplos de empatía muestran que no se trata solo de sentir, sino también de actuar con responsabilidad ante lo que el otro necesita.
Para desarrollar la empatía en la vida personal y profesional, es necesario atender a cómo se sienten los demás con respecto a nuestras acciones. La empatía, por lo tanto, permite que las personas no mantengan solo una perspectiva individual, sino una mirada compartida, útil para entender deseos, miedos, fortalezas, emociones, intenciones y comportamientos.
Conectar a nivel emocional y cognitivo con otra persona es una capacidad relevante en la psicología y la psicopedagogía. Niños, jóvenes y adultos pueden desarrollar poco a poco esta habilidad. Para algunas personas resulta más sencillo que para otras, aunque una buena forma de practicarla es mediante actividades de empatía adaptadas a cada edad.
Además, los ejemplos de empatía en la escuela ayudan a que el alumnado identifique situaciones empáticas reales: prestar material, acompañar a quien se siente solo, escuchar antes de responder o pedir perdón cuando se ha hecho daño. Entre los más habituales están:
Esta lista puede ampliarse con acciones como defender a quien recibe burlas, colaborar en un trabajo de grupo, avisar al docente ante una situación injusta, adaptar un juego para que todos participen o celebrar los logros de los demás. La empatía puede contribuir a prevenir y afrontar el acoso escolar, siempre junto con normas claras, supervisión y protocolos de intervención.
A continuación, se presentan algunas actividades para desarrollar la empatía de acuerdo con la edad de los niños y jóvenes. Esta habilidad puede reforzarse mediante la práctica, la repetición y la reflexión guiada, por lo que conviene combinar juegos, conversación, lectura, observación y pequeños actos de ayuda.
Para explicar qué es la empatía a los niños, conviene partir de situaciones que reconozcan. En la escuela pasan gran parte de su tiempo junto a sus compañeros, por lo que es importante que reciban una educación emocional.
En Infantil, las actividades de empatía para niños de 2 a 3 años deben ser breves, visuales y muy acompañadas por el adulto. A esta edad, una actividad sobre la empatía para niños puede consistir en identificar caritas, nombrar emociones básicas y relacionarlas con gestos cotidianos: está contento, está enfadada, necesita ayuda...
También pueden plantearse actividades sobre la empatía para niños mediante cuentos cortos, canciones, marionetas o juegos de imitación. Un ejemplo de empatía para niños sería acercar un juguete a quien llora o esperar el turno de otro compañero. Estas acciones de empatía para niños no deben presentarse como una obligación rígida, sino como pequeñas oportunidades para reconocer lo que siente otra persona.
Cuando el centro o la familia preparen materiales en PDF, conviene que sean sencillos: fichas con rostros, tarjetas de emociones y escenas cotidianas para colorear. Estas fichas para trabajar la empatía pueden acompañarse de preguntas como «¿Qué le pasa?», «¿Cómo podemos ayudar?» o «¿Qué harías tú?».
Las actividades de empatía para primaria permiten avanzar desde la identificación de emociones hacia la comprensión de causas, consecuencias y respuestas adecuadas. En esta etapa, las actividades de empatía para niños de 10 a 12 años pueden incluir debates guiados, lectura de cuentos, análisis de conflictos del aula y pequeñas responsabilidades cooperativas.
Al trabajar la empatía con niños, es útil presentar ejemplos de empatía para niños de primaria relacionados con el colegio: invitar a jugar a alguien que está solo, cuidar el material común o pedir disculpas después de una burla. Un ejemplo de empatía en la escuela puede explicarse así: si un compañero no entiende una tarea, otro se sienta a su lado y se la explica sin reírse.
La lista puede ampliarse, siempre de acuerdo con la edad y el contexto, con acciones como escuchar, compartir, esperar, ayudar, consolar, incluir, agradecer, perdonar, cuidar, colaborar, respetar, preguntar, acompañar, animar, proteger, explicar, disculparse, observar, mediar y celebrar. Estos ejemplos de empatía para niños ayudan a pasar de la teoría a actos concretos.
A continuación, mencionamos algunas actividades de empatía para niños que ponen de manifiesto el valor de la empatía y pueden aplicarse para reforzar esta cualidad.
Sin ánimo de crear una competencia, es importante realizar actividades que fomenten la colaboración entre los estudiantes y en las que haya que tener en cuenta a la otra persona en todo momento. Los juegos que favorecen la expresión corporal, por ejemplo, y en los que el estudiante debe identificar la emoción que transmite el gesto de un compañero, son útiles para este propósito.
En diferentes fichas se dibujan «caritas» que expresan una emoción. Cada estudiante elige una ficha y la enseña al grupo. El objetivo es que los demás identifiquen la emoción y propongan una acción relacionada con ella. Por ejemplo, si un compañero tiene una ficha con una carita triste, otro puede acercarse, preguntarle qué necesita o darle un abrazo si lo acepta.
Estos ejercicios, actividades y fichas para trabajar la empatía pueden organizarse por edades, de modo que las actividades de empatía respondan al nivel de comprensión del grupo. También es recomendable reunir actividades y fichas para trabajar la empatía que permitan observar la evolución del alumnado sin convertir la emoción en una prueba rígida.
Para los niños, las actividades recreativas suelen resultar atractivas. Por eso, crear escenas de teatro en las que se fomenten los valores es una buena forma de aprender y mostrar la importancia de actuar con respeto hacia los demás.
Se pueden utilizar escenas de un libro, una película, un cuento u otros recursos para plantear a los más pequeños posibles respuestas empáticas ante ciertas circunstancias. Pueden reflexionar a partir de la pregunta «¿Cómo te sentirías tú si…?» y comprender que algunas acciones se realizan sin pensar en cómo afectan a los demás.
Aprender a perdonar puede formar parte de las actividades de empatía para niños y adultos. Comprender las circunstancias y reconocer los errores ayuda a reparar algunas relaciones. No obstante, mostrar empatía no obliga a perdonar de inmediato ni a aceptar comportamientos que causan daño; también es importante enseñar a establecer límites.
Las actividades de empatía para secundaria necesitan más diálogo, reflexión ética y análisis de situaciones sociales. En esta etapa conviene trabajar actividades de empatía para adolescentes que conecten con amistades, redes sociales, convivencia, presión de grupo y resolución de conflictos.
Una buena propuesta es utilizar dinámicas de empatía para adolescentes basadas en casos: una persona queda excluida de un grupo, alguien recibe un comentario hiriente o un compañero no se atreve a pedir ayuda. A partir de ahí, una dinámica de empatía para adolescentes puede pedir que cada grupo identifique qué siente cada persona, qué acciones empáticas serían adecuadas y qué actos de empatía podrían reparar el daño.
También pueden plantearse actividades para trabajar la empatía en adolescentes a través del debate, la escritura reflexiva y los juegos de rol. Una actividad de empatía para adolescentes eficaz consiste en cambiar el punto de vista de una historia: primero se cuenta desde quien sufre el problema y después desde quien lo provoca. Estos ejercicios de empatía para adolescentes ayudan a comprender que una misma situación puede vivirse de maneras distintas.
En jóvenes, las actividades de empatía para jóvenes pueden vincularse con proyectos de voluntariado, mediación entre iguales o dinámicas de integración para jóvenes. Así, las actividades para fomentar la empatía dejan de ser solo un ejercicio escolar y se convierten en una práctica de convivencia.
A continuación, se muestran algunas actividades para trabajar la empatía en el aula y juegos que pueden aplicarse mediante dinámicas breves, cuentos, dramatizaciones, fichas, debates y proyectos cooperativos. Antes de empezar, conviene acordar normas de respeto, permitir que cada participante decida cuánto desea compartir y cerrar la propuesta con una breve reflexión. Así, las actividades de empatía se desarrollan en un entorno seguro y sin presiones.
Se generan dinámicas que ayudan a ampliar el punto de vista y a escuchar diversidad de opiniones. Estas dinámicas para trabajar la empatía permiten que cada estudiante comprenda que su mirada no es la única posible.
Estos juegos de empatía o dinámicas permiten plantear historias y casos para que los más pequeños reflexionen sobre respuestas respetuosas. Una buena idea es utilizar la lectura de cuentos o relatos sobre la empatía. Dentro de estas actividades, la flor de la empatía es un recurso visual útil para trabajar en el aula: en cada pétalo se escribe una acción de ayuda, escucha o respeto.
Esta actividad sirve para conocer a nuevas personas mediante un ovillo de hilo. Cada niño se presenta y cuenta qué le gusta hacer. Al terminar, pasa el ovillo a otro compañero para que continúe; la telaraña que se forme los representará como grupo y favorecerá el compañerismo.
Cada niño escribe su nombre en un papel. Luego, el docente los recoge y los reparte al azar para que otro niño dibuje a su compañero y describa algún aspecto positivo de su forma de ser. Después, quien aparece en el dibujo puede explicar si se reconoce en esa descripción.
Se puede utilizar algún instrumento o una pista de audio para cantar canciones que hablen no solo de la empatía, sino también de otros valores. Los niños pueden bailar, cantar y recordar algunas de sus ideas principales.
En la lista de los juegos de empatía para niños, el juego de los zapatos permite ejercitar la capacidad de ponerse en el lugar de los demás al ponerse el zapato de otro compañero. Se deberán responder unas preguntas imaginando cómo lo haría el alumno dueño del zapato que le haya tocado.
La dinámica consiste en que cada pequeño escriba, sin incluir datos identificativos, alguna molestia o inquietud que haya sentido durante un periodo concreto. El docente revisa previamente los papeles y selecciona situaciones adecuadas para comentarlas. Después, el grupo puede proponer formas respetuosas de acompañar esa emoción, sin intentar resolverla de manera apresurada.
Los estudiantes se emparejan y uno de ellos debe imitar los movimientos del otro como si fuera su reflejo en un espejo. Después de unos minutos, se cambian los roles. Esto ayuda a desarrollar la capacidad de ponerse en el lugar del otro.
En grupos pequeños, los estudiantes comparten experiencias que les hayan hecho sentir diferentes emociones, como tristeza, alegría o ira. Deben explicar cómo se sintieron y por qué, mientras los demás practican la escucha activa y la empatía. Es una actividad delicada, ya que se debe procurar que todos los estudiantes mantengan el respeto y permitir a cada niño expresarse tal y como quiera, sin que sienta ningún tipo de presión.
Los estudiantes pueden practicar técnicas sencillas de relajación y meditación para prestar atención a sus emociones. Estos ejercicios pueden ayudarles a estar más presentes y a escuchar con mayor atención las necesidades de sus compañeros.
Representan situaciones ficticias en las que se requiere empatía, como una persona mayor que necesita ayuda para cruzar la calle o un compañero que no se atreve a pedir apoyo. Para dar un enfoque más ameno a la actividad, se puede utilizar la mímica. Esto permite practicar cómo ponerse en el lugar del otro.
Otros juegos sobre la empatía pueden adaptarse al nivel del grupo: un juego de empatía con tarjetas de emociones, una dinámica sobre empatía basada en cuentos, una dinámica de la empatía con cambios de rol o una dinámica para trabajar la empatía en la que cada alumno explique cómo se sentiría ante una situación concreta.
Algunas personas adultas pueden tener dificultades con la percepción emocional de los demás, pero existen prácticas que ayudan a mejorar la empatía. Las acciones de empatía son gestos cotidianos que permiten escuchar, acompañar y responder con respeto, igual que ocurre con las actividades de empatía bien guiadas.
Cuando alguien se pregunta cuáles son las acciones para la empatía, la respuesta puede empezar por escuchar sin interrumpir, mirar a la persona, respetar sus tiempos, validar sus emociones y ofrecer ayuda sin imponerla. Estas acciones que favorecen la empatía sirven en la familia, la escuela, el trabajo y la vida social.
Muchas veces nos centramos en nuestras opiniones y no prestamos suficiente atención a los demás. Cuando alguien te cuente algo, intenta no interrumpir; observa sus gestos, movimientos y ritmo de respiración, entre otros aspectos. Estas señales pueden aportar pistas, pero no permiten saber con certeza qué siente una persona, por lo que conviene preguntar y escuchar antes de sacar conclusiones.
Haz preguntas y muestra un interés genuino. Trata de escuchar bien lo que la persona dice y expresa, y ofrece una respuesta acorde. Conviene trabajar para no cambiar de tema: presta atención e intenta imaginarte en la situación de la otra persona.
Si estás buscando actividades de empatía fuera del aula o del trabajo, una posibilidad es participar en eventos organizados por una fundación, una organización pública, una ONG u otra entidad sin fines de lucro.
Ayudar a otras personas sin esperar nada a cambio puede formar parte de estas actividades de empatía desde la juventud y durante la vida adulta.
Para practicar la empatía, es importante reconocer que las necesidades y las opiniones propias no son las únicas que cuentan. Intenta, pues, entender que todas las personas merecen consideración. Escucha otros puntos de vista e interésate por las experiencias de los demás de una forma genuina.
Ya sea al hablar, pensar, colaborar o realizar cualquier otra acción, puedes mostrar empatía siendo paciente y respetando los tiempos de las demás personas, de forma que evites el conflicto. Recuerda que una de las actividades de empatía que realizamos indirectamente es formarnos en valores para poder apoyarnos entre nosotros.
Para muchas personas, ser empático está relacionado con acompañar a los demás cuando lo necesitan. Esta es una de las actividades de empatía más sencillas y, al mismo tiempo, más valiosas.
Durante este ejercicio, no interrumpas a la persona, dale su tiempo, procura no juzgarla por sus acciones o palabras y evita minimizar su situación. Lo importante es ofrecer apoyo y permitirle expresar lo que siente en un espacio donde no se sienta juzgada.
Para algunas personas adultas, quizá sea más complicado comenzar a mostrar empatía, pero esta habilidad puede desarrollarse con práctica constante y mediante estas actividades de empatía.
Las actividades de empatía para adultos deben conectar con situaciones reales: conversaciones difíciles, desacuerdos familiares, atención al público, liderazgo, trabajo en equipo o acompañamiento emocional. Por eso, las actividades para trabajar la empatía en adultos suelen partir de casos concretos y no de explicaciones demasiado abstractas.
En el ámbito laboral o empresarial, las actividades de empatía para trabajadores también pueden ayudar a mejorar el ambiente de trabajo. Entre ellas, destacan:
En estos contextos, las técnicas de escucha activa y empatía resultan especialmente útiles: mirar a quien habla, reformular lo que ha dicho, no interrumpir, preguntar con respeto y comprobar si se ha entendido bien.
También se pueden aplicar 10 consejos para ser empático: escuchar antes de responder, observar el lenguaje no verbal, preguntar con interés, evitar juicios rápidos, reconocer emociones, respetar silencios, pedir disculpas, agradecer la confianza, ofrecer ayuda concreta y aceptar que cada persona vive las situaciones de manera distinta.
Las dinámicas para trabajar la empatía en adultos funcionan mejor cuando se basan en situaciones reales y permiten practicar sin exposición excesiva. Entre las dinámicas de empatía para adultos se pueden usar el cambio de rol, la entrevista empática, la escucha en parejas o el análisis de casos laborales.
Una dinámica de empatía útil consiste en que una persona cuente una situación difícil durante dos minutos y la otra solo pueda escuchar, reformular y preguntar. Después, se intercambian los papeles. Esta actividad para trabajar la empatía permite comprobar si se ha entendido la emoción de la otra persona antes de ofrecer una opinión.
Otra opción son las dinámicas para trabajar la empatía en adultos dentro de equipos de trabajo. En ellas, cada participante explica qué necesita para colaborar mejor y el grupo propone acciones para favorecer la empatía. Estas propuestas de estrategias para el desarrollo de la empatía deben ser concretas, observables y revisables.
Los juegos de empatía en el colegio pueden ayudar a los más pequeños a practicar valores y mejorar la convivencia. También existen actividades para hacer en familia que fortalecen la relación y ayudan a ser más empáticos unos con otros. Por eso, además de los juegos escolares, proponemos algunas actividades en casa que promueven la empatía.
Para saber cómo practicar la empatía en la escuela y en casa, conviene empezar por acciones empáticas sencillas: saludar, preguntar, escuchar, ayudar, agradecer y pedir perdón. Estas acciones para favorecer la empatía se aprenden mejor cuando los adultos las muestran con el ejemplo.
En definitiva, las actividades de empatía y las acciones de empatía no se reducen a un gesto aislado: son una manera de convivir. Los ejemplos de empatía en el colegio, los juegos para trabajar la empatía, las actividades sobre la empatía y los ejercicios de empatía permiten practicar esta habilidad en contextos reales, con niños, adolescentes, jóvenes y adultos.
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Para seguir profundizando, puedes complementar estas propuestas con formación en empatía, educación emocional y escucha activa.
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